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El
Verdadero Amor
No podemos pasar el mes de
febrero sin hablar del amor, el sentimiento más sublime creado en el corazón
del hombre y de la mujer. El amor en su expresión total ha llegado a tocar
límites que en nuestra mente nunca imaginariamos y llega a relizar las más
heróicas acciones. Por amor dos personas totalmente desconocidas deciden
unir sus vidas para siempre. Por amor nacen nuestros hijos. Por amor amamos,
respetamos y cuidamos de nuestros padres y seres queridos. Por amor
ofrecemos amistad a personas que jamás hemos visto y que no tienen ningún
tipo de vínculo con nosotros. Por amor al ser humano se estudia medicina
para salvar vidas. Por amor se derrama sangre para defender la patria amada.
Por amor se estudian leyes para que se haga la justicia en nuestros países.
Por amor murió el ser mas maravilloso que vino a este mundo, Jesucristo,
para salvarnos y darnos la vida eterna.
Hoy quiero compartir una anócdota sobre el verdadero y sincero amor. Se
refiere a un matrimonio que pasó toda una vida unidos por ese bello
sentimiento del cual hoy hablamos en este artículo. Es una historia contada
por un autor desconocido. Por eso como dice la Escritura: "porque fuerte
como la muerte es el amor" y "las muchas aguas no podrán apagar el amor ni
lo ahogarán los rios"
Dice asi:
Un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se declaraban
en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo
constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar
con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía
del matrimonio.
El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio
personal:
- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las
escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y
cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a
la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su
corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella
ya había fallecido.
Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no
lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y
nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que
dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi hermano comenzó
a hablar de la vida después de la muerte. Mi padre escuchaba con gran
atención. De pronto pidió "llévenme al cementerio".
"Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio
ahora!" Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por
favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa
por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos
más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna
llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que
veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede
hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida
con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos
juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me echaron
de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó "Siempre estuvimos
juntos. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus
carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos,
rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el
dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido
y estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no tuvo que
vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi
partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto
que no me hubiera gustado que sufriera..."
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro
empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:
- "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día". Esa
noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no
tiene que ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones que es
posible porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas allá de
los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier cosa por el otro."
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron
debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen
la valentía de aceptarlo de inmediato, podían presentir que estaban ante el
amor verdadero. El maestro les había dado la lección mas importante de sus
vidas.
Espero que esta historia nos haga reflexionar sobre lo que es el verdadero
amor y apreciemos más los momentos vivídos con las personas que amamos.
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